Mudanza en curso

Unos amigos nos abducen a otro dominio que -dicen- será mucho más confortable. Queda acá cerquita:

http://factor302-4.com.ar/

Será bien visto que transmitas en blogs, listas y amigos comunes sobre el cambio de dirección.
De regreso prometemos unos buenos cortes de vaca mutilada para invitarlos a una gran parrillada interestelar.
Gracias por siempre y mil disculpas por las molestias ocasionadas.

¿Quién vio en Internet, antes que nadie, la educación del futuro?

Hace 22 años, Internet y la masificación de las computadoras eran un nebuloso borrador de lo que acabó siendo. Si bien sus palotes se remontan a 1961, la web creada por Tim Berners-Lee gracias al lenguaje HTML nació en 1990 (y no, Internet nunca fue diseñada para impedir que “las comunicaciones colapsaran ante un ataque nuclear”.) La entrevista que publicamos arriba de Isaac Asimov es casi contemporánea al surgimiento de la web. Si no es anticipatoria en un sentido estricto, sí lo es conceptualmente. Estremece el calado de su visión. En su charla con Bill Moyers, Asimov prepara al telespectador para un futuro donde habrá “bibliotecas colgadas a computadoras en cada hogar”, las cuales permitirán “librarse de la tutela de un profesor”.

El genial creador de la Psicohistoria y las Tres Leyes de la Robótica, advierte tempranamente que la web será un canto a la autonomía educativa. El día que las computadoras conecten con bibliotecas, anuncia Asimov, será el fin del “aprendizaje por la fuerza” de alumnos eventualmente guiados por malos profesores. “Todos están forzados a aprender lo mismo, el mismo día, a la misma velocidad, en clase… y todos somos diferentes. Para algunos va muy rápido, para algunos va muy lento, para otros va en una dirección errónea. Pero démosle una chance, como complemento de la escuela…” y así sigue el gran Isaac en el imperdible programa “El mundo de las ideas”, emitido en 1988.

En el libro ¡Cambio!, 71 visiones de futuro, que reúne artículos escritos entre 1974 y 1980, Asimov ya imaginaba a la Tierra cableada con fibras ópticas: “Uno podría marcar el número de un periódico, ojear sus páginas e imprimir un facsímil de cualquier página o sección que le interesara leer con más detenimiento”, escribe Asimov. ”El correo o la información de ventas de un supermercado podría recibirse también por televisión; o a la inversa: escribir cartas y hacer un pedido a un supermercado a través de la pantalla. Las bibliotecas de todo el mundo podrían codificarse de tal manera que, tras marcar el código apropiado, cualquier libro, revista, panfleto o documento aparecería en la pantalla de televisión para referencias rápidas; o bien quedar impreso en microficha para referencias más pausadas, o en forma ordinaria para el puro placer de la lectura (…) La gente podría supervisar máquinas y fábricas o programar ordenadores que dirigieran el trabajo del mundo, todo ello por televisión. O también pronunciar conferencias por circuito cerrado con cada participante sentado tranquilamente en su casa”.

Estas ¿predicciones? ¿conjeturas? ¿visiones?, en todo caso estas previsiones más o menos precisas de lo que estaba por acontecer fueron escritas en 1975, y se arriman más a lo que acabó siendo Internet que cualquier otro texto anterior al estallido de la World Wide Web. Hay antecedentes menos prolijos, claro.

* En París en el siglo XX de Julio Verne, por ejemplo. En su “novela perdida”, escrita en 1863 y publicada en 1994, Verne describe una red telegráfica mundial que enviaba imágenes casi indistinguible de la web.

* En 1938, Herbert George Wells, en el volumen World Brain (que recoge una serie de conferencias de un proyecto que llamó Enciclopedia Mundial Permanente) previó que tendremos microbibliotecas a disposición de estudiantes de cualquier parte del mundo, quienes “podrán sentarse con su proyector en su propio estudio para examinar a voluntad cualquier libro, cualquier documento en una reproducción exacta”.

* En Un lógico llamado Joe, Murray Leinster también elabora algo muy parecido a Internet en una fecha tan precoz como 1946.

* Y esto sin mencionar la anticipación de Martha Green. En su autobiografía Ozonis – En Algún Lugar del Universo (escrita en 1956, registrada en 1969, publicada en 1998), la contactada argentina describe a una raza alienígena cuyo sistema de gobierno es administrado por “pantallas que intercomunican instantáneamente todo el planeta”.

Bueno, nos fuimos por las redes. Otra cosa que entusiasma de la entrevista a Asimov, porque así comenzó todo, es la entrevista misma. Hace dos décadas, Moyers le clavó un piquete de ojos a quienes aún predican la imposibilidad de transmitir ideas complejas a través de la televisión.

La fórmula es muy fácil. Sólo hace falta conseguir buenos entrevistados.

Fragmento del programa El mundo de las ideas traducido y subtitulado por Emisores . Vía Elijah Mandeb en Facebook.

“Mi encuentro con el Swami saludador”

El actor José Luis Oliver, quien alguna vez supo seguir al gurú de la India más famoso del mundo, y coprotagonista del recordado micro de I-Sat Lucho y Tito, los mecánicos del espacio, se tomó un respiro y ahora describe una nueva experiencia religiosa, esta vez con un Avatar que le demostró no sólo quien era Él sino quién era… José Luis. Además, le mostró cuál fue el “toque mágico” que modificó radicalmente su vida llevándolo a formar parte del Movimiento Internacional para el Saludo Eterno.

José Luis Oliver ofrece entonces su relato, en exclusiva para Factor 302.4, con la condición de no hacerle preguntas sobre los motivos por los que abandonó a su swami anterior, el de los rizos ensortijados y túnicas naranjas, lo cual hemos cumplido a rajatabla. Con ustedes, el testimonio de su última conversión espiritual.

“Mi experiencia con un gurú de La India fue inolvidable. Recuerdo perfectamente llegar a su Ashram lleno de personas y Devotos que ansiaban su Darshan Misericordioso durante horas bajo el Sol achicharrador de la tierra de Krishna. Y allí deposité mi Alma, a la espera de este Maravilloso Ser Divino. A través de sus Devotos supe de las bondades que supone asociarse a Él, ya que había desarrollado al máximo su Poder de generar en el otro una bénefica revolución Espiritual.

“Recuerdo como si fuera hoy el momento crucial de Su Aparición en escena. Su túnica color ocre, su cabello largo y su barba extensamente larga y blanca. No podía quitar mis ojos de su figura celestial, ese andar lento y pausado como si caminara entre algodones. Y así llegó a mi lado. Se detuvo, me miró y me dijo: ¡Hola!

“Un torbellino casi intolerable de Energía Divina se desató en mi Interior. Mis ideas quedaron en un Pasado olvidado y este Presente emergía como un salvavidas Maravilloso, que me daba la posibilidad de comprenderlo todo. ¡Sí, todo! Ese ¡Hola!, esa simple palabra me daba la pauta de estar frente a Dios mismo. ¡Me daba la única y pura VERDAD posible en esta Era de Kali, Vrindavan a mis pies estaba sacudiéndome en una especie de sopor, mezcla de Felicidad y Paz Interior!.. ¡Ya era otro! ¡Ya estaba casi ILUMINADO! Pues ese ¡Hola! daba la pauta de que ese Ser Misericordioso y Divino, me estaba ACEPTANDO TAL CUAL ERA, NO ME NEGABA EL SALUDO, como tantos vecinos. Ese ¡Hola! … era parte de un DESPERTAR GENUINO DE MI ALMA. Con ese ¡Hola!, el Swami me dijo:

“¡Sí, tontito! ¡A vos te saludo!.. ¡A vos, que hasta tus Padres te han rechazado! ¡Yo estoy aquí para darte la Bienaventuranza total! ¡Nadie se va de aquí sin su saludo!”

“Entonces pensé, si Amma abraza gente, Sai Baba da entrevistas a elegidos, otros solo te miran… ¡Éste Ser Divino SALUDA! Y en ese saludo va implícito que TE ACEPTA, que TE AMA, que te presta atención, si no, saludaría a otros ¡¡¡Y a tí no!!! Además, ese cariñoso “tontito” revelaba que me conocía perfectamente.

Ese ¡Hola! cambió totalmente mi vida.

Ahora sé que detrás de cada persona que me saluda está Él, el “Swami saludador” como le llaman en India.

“Con ese ¡Hola! mi vida es netamente Trascendental y de Servicio desinteresado, vivo saludando gente, día y noche, expandiendo así el mensaje de mi Maestro Espiritual.

“Ahora represento al Movimiento Internacional para el Saludo Eterno aquí en mi país, Argentina. Trato de predicar lo que me enseñó Swami en India por esos días de calor y “Darshan saludeño”. Ahora estoy tratando de expandir su mensaje a España, pues me dijeron que allí se saludan con dos besos, o sea: los españoles conseguirían una doble oportunidad de ser agraciados por la Luz Divina de Swami. ¡Toda una Realización!

“¡Un ¡Hola! enorme y a comprar la revista “HOLA”, que vendría a ser nuestro Bhagavad Gita!

“Moraleja: En la vida, hasta con una simple incoherencia uno puede Despertar. La cosa es Movilizar Nuestro Interior, todo sale de él, nada llega desde fuera. No se dejen confundir por los confusos: la VERDAD está dentro de cada uno de ustedes.”

Diga “33”

La grandiosa epopeya que rescató de las fauces de la Tierra a los mineros chilenos nos llevó de regreso al mágico significado de los números, siendo el “33” (la cantidad de trabajadores de la mina San José rescatados esta semana) el código que abre la caja de la alegría, la suerte y los milagros, gracias a las más diversas combinaciones, empezando por la edad de Cristo y siguiendo con el número de días que llevó cavar el túnel por donde salieron, uno tras otro, hasta contar 33 mineros.


Durante estos días se ha mentado, repetido e insistido tantas veces la bendita cifra que las muchedumbres tomaron Quinielas y Loterías por asalto para hacer la misma apuesta, que si salía bien iba a socializar como pocas veces el pozo de la fortuna. Sin embargo, el juego ignoró al 33, causando oleadas de mal humor entre miles de cabuleros dados a la numerología.
Otros consultaron el manual de interpretación de sueños y optaron por el 11, número que representa al minero. Y les fue mejor: ayer, en uno de los sorteos de la lotería de la Provincia de Buenos Aires, salió el 3711 en primer lugar.
¿Qué puede significar esto? Bueno, muchas cosas diferentes. Si me apuran, se me ocurren dos. 1) Que el azar es más fuerte que la magia. 2) Que Cristo (porque eso es lo que representa “33” en el manual de los sueños) le escapó al azar porque no cree en la predestinación, ni en los números benditos.
Lo importante -obvio- es que los 33 mineros chilenos ya están a salvo. Gracias a la solidaridad, la tecnología y a un conjunto de decisiones adecuadas, una de las lecciones más importantes del rescate excede a la numerología: estas experiencias ayudan al Hombre a creer más en sí mismo. Y creer en nuestra especie es un gran antídoto para aventar los excesos de fe en causas ajenas a la voluntad propia y colectiva.

Nota: Recomiendo visitar El corazón del bosque, donde te sorprenderá saber cuántos chilenos fallecieron en accidentes mineros en lo que va de 2010.

Nunca olvides que tu materia son los espíritus, amigo parapsicólogo

Olvidarse de la impronta cultural que han dejado los espíritus entre nosotros significa desdeñar una tradición que estuvo a mitad de camino entre lo religioso y lo secular durante casi siglo y medio. Entre el lunes 1º noviembre y el domingo 5 de diciembre del 2010 se celebrará la primera exhibición dedicada al origen y desarrollo del espiritismo kardeciano en la Argentina, su relación con la generación del ’80, su historia y estado actual. Organizado por el Museo Roca -Instituto de Investigaciones Históricas– y el Instituto de Psicología Paranormal de Buenos Aires, diez asociaciones espíritas de todo el país presentarán su patrimonio bibliográfico, artefactos antiguos y curiosos instrumentos con que los espíritas afirmaban comunicarse con los muertos entre fines del siglo XIX y principios del XX.  ¿Qué día conviene asistir? Sin duda, el lunes 1º de noviembre, cuando, en el mismo lugar, María Inés Rodríguez AguilarAlejandro Parra presentarán el libro Cuando hablan los espíritus: Historias del movimiento kardeciano en la Argentina de Juan Gimeno, Juan Manuel Corbetta y Fabiana Savall (Ed. Dunken, 2010). La cosa empieza a las 19.30 horas y acompañaré a los autores por dos buenas razones: Gimeno y Corbetta, aparte de ser dos tipos fantásticos, son los más minuciosos historiadores del espiritismo y la parapsicología que conozco, y sé que algo nuevo voy aprender.  Gimeno es coautor con Dora Ivnisky de Naum Kreiman, la parapsicología y la ciencia, una gran biografía del querido profesor. Corbetta fue uno de los organizadores de la primera Exposición Fotográfica de Espiritismo, Esoterismo y lo Paranormal, también en el Museo Roca, en noviembre de 2006.

La exhibición en el Roca incluirá un ciclo de conferencias, debates, exposición y venta de literatura espírita y parapsicológica. Permanecerá abierta durante casi un mes y la entrada será libre y gratuita, de miércoles a viernes de 12 a 19 hs y sábados y domingos de 14:30 a 21:30 (sólo estará cerrada lunes y martes).

Otros datos básicos para agendar son: Museo Roca -Instituto de Investigaciones Históricas, calle Vicente López 2220, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tel./Fax: (54-011) 4803-2798.

Más info, en ALIPSI.

Entre vampiros, abducidos y tarotistas

El año pasado, en plena zozobra de Magia Crítica, leí una docena de libros que quise reseñar, sobre un total algo más numeroso que podría subdividir entre los que abandoné por tedio y los que me gustaron pero llegué tarde para dar parte de la novedad. De la única editorial que recibí libros a granel (y no porque los editores me conozcan sino porque casi todos los autores son amigos, o amigos de mis amigos) fue Laetoli, una colección dirigida por Javier Armentia y editada con la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (SAPC). En pocas palabras: media docena de los libros de crítica a la pseudociencia que leí el año pasado fueron publicados por Laetoli y, mea culpa, no los mencioné. Nunca encontraba el tiempo y relegaba mis impresiones para más adelante. Uno de los motivos de tanta postergación no era inocente: el nombre, y por lo tanto la consigna, de la colección no me caía bien. De verdad, sigo convencido de que llamar a una serie de libros dedicada al pensamiento crítico “¡Vaya timo!” es una sonora tontería. Tan básico como titular a una colección de libros sobre ovnis “¡Están entre nosotros!” o cualquier otra noción que me grite en qué dirección debo pensar.

De hecho, alguno de esos libros me hizo correr un escalofrío ya que pude ver cómo ciertos autores forzaban un lenguaje despectivo, incluso gratuitamente despectivo, cuando sabía que ese no era el estilo que les caracterizaba (al menos no cuando los leí en contextos que ellos controlaban), siendo para mí claro que cargaban las tintas porque la colección estaba bajo la advocación de una sociedad escéptica que eligió “¡Vaya timo!” por título, sin matices, sin margen para dudas, sin otra argumentación que no fuera la denuncia del timo y como si no hubiera otra cosa para hacer que destrozar la mecánica del engaño. Esa arrogancia del escéptico militante que proclama cuán chorlitos somos los que nos dejamos engañar por las paraciencias (como si la complejidad de todo el asunto se redujera a la mismísima nada si todos tuviéramos la habilidad de burlar los engaños) siempre me ha parecido pueril, al punto que alguna vez llegué a pensar que enfrentar supercherías es una tarea demasiado delicada para dejarla en manos de refutadores profesionales de supercherías.

¿Quiero decir que no hay que vaciar el cargador contra mentirijillas flagrantes como las que acometen a diario tarotistas, astrólogos, homeópatas, ufólogos y/o curanderos? Tal vez, porque esta perspectiva sobreentiende que la intensidad con que son atacadas las “falsas creencias” (sic) mejora la fumigación. Sin embargo, tengo para mí que el desarrollo ponderado de argumentos destinados a desarticular el andamiaje de cierto credo, fe o dogma no se lleva bien con la expeditiva y previsible descalificación del escéptico combatiente.

Si a la impunidad del charlatán le oponemos el descrédito vía ataque ad hominem o el cómodo recurso de desautorizar ideas sin tomarnos la molestia de desmontar sus falacias, no seremos mejores que los promotores de dogmas. Ahora bien, ¿esto es lo que hacen los autores de  “¡Vaya timo!”? Curiosamente, no. Porque, aclaro por si acaso, hasta ahora sólo hablé de mis prejuicios hacia una colección llamada “¡Vaya timo!” y casi nada de los contenidos de la colección “¡Vaya timo!”.

Cada libro le es encargado a un especialista que conoce el paño. Y el desafío que casi todos han superado fue resumir en menos de 150 páginas, en un lenguaje apto para adolescentes de escuela media, la historia, la información y las bases de creencias, mitologías y pseudociencias, así como los cuestionamientos científicos que éstas supieron conseguir.

En este sentido, una de las obras mejor logradas es la que el periodista valenciano Javier Cavanilles dedicó al Tarot. Obra que, por carácter transitivo, ayuda a entender lenguaje, historia y mañas de otras mancias. Impresiona descubrir cómo –desde la Italia del siglo XIV– un simple juego de cartas acabó convirtiéndose en la técnica de adivinación más popular del siglo XX y umbrales del XXI. También es meritoria la revisión histórica que hizo Jordi Ardanuy en el “timo” (vaya, ¡qué otra cosa podía ser!) de los vampiros, quien describe la estructura de la simpatía por Drácula y de otras criaturas sobrenaturales rebuscando en los orígenes de este asunto, que en otra época disfrutó de la credibilidad que hoy tienen los abducidos. Jordi hinca el diente al misterio con un repertorio de experiencias y testimonios que dispara el interés de quienes ignoran desventuras y leyendas de los chupasangres europeos.

El libro que encargaron a mi amigo Luis R. González encierra la doble virtud de informar con erudición y ofrecer ejemplos divertidos sobre la cuestión del raptado por extraterrestres. Y en su obra dedicada a los ovnis Ricardo Campo, pese a su acostumbrada sobrecarga de adjetivos (redundante para el escéptico y repelente para el creyente abnegado), rebate los argumentos tópicos con que fatigan el deseo de creer los enamorados de la hipótesis extraterrestre.

Hay libros de la serie que no leí o cuya lectura no completé, como el de Carlos Santamaría y Ascensión Fumero sobre Psicoanálisis, el de Gonzalo Puente Ojea dedicado a la religión (otro ejemplo paradigmático donde el apelativo “¡Vaya timo!” queda chico), el celebrado monográfico de Eugenio Fernández Aguilar, que desmonta la conspiración lunar defendida por los escépticos de la Misión Apolo, y el seguramente esclarecedor ensayo de Ernesto Carmena sobre el creacionismo.

La cosa es que decidí liberar mis reflexiones a propósito de esta colección porque no sobran libros críticos en español sobre estas materias, mayormente dominadas por la literatura comercial de entretenimiento, el charlatanismo o el periodismo superficial, y porque desde hace poco es posible conseguir sus ejemplares en Sudamérica a través de la exportadora de libros La Panoplia de Libros, la cual -según reza su web- trabaja con las mejores librerías y distribuidoras de cada país (salvo Colombia, donde la colección es distribuida por Siglo del Hombre).

Para terminar, si bien sé que exponer mis ideas sobre el concepto que rige a una colección bien intencionada puede incomodar, también debo decir que estos libros son una necesidad. En medio de ese oleaje de contradicciones estamos y pese a las inclemencias celebro a la colección de Laetoli (llámese como se llame).

El velatorio más divertido del mundo

El acto de despedida de un amigo siempre debería honrar las convicciones que el difunto poseía en vida. Eso hicieron los miembros del grupo Monty Python cuando uno de ellos, Graham Chapman, murió el 4 de octubre de 1989.

Desde el adiós a Chapman, protagonista de aquella desopilante parodia de la historia del Cristianismo que fue La vida de Brian (1979), pasaron nada menos que veintiún años.

Gran ocasión para evocar el discurso que dio durante el funeral su compañero, John Cleese. Quien, entre otras cosas, dijo: “Pude oírle ayer por la noche, mientras escribía estas palabras, susurrándome al oído: “Vale, Cleese, estás muy orgulloso de ser la primera persona que dijo ‘mierda’ en la televisión británica. Si este acto es para mí, para empezar, quiero que seas la primera persona que diga ‘Joder!’ en un funeral británico.”

Es también una buena oportunidad para recordar la escena final de La vida de Brian, donde los crucificados intentan animar a Brian silbando la canción “Mira siempre el lado brillante de la vida”.  Eso mismo hicieron sus amigos durante el sepelio de Chapman, destrozando para siempre el mito según el cual hay que ir a los velatorios con cara de culo.

Mi amigo Carolus es responsable del recuerdo y de los enlaces.