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10-10-10: teología del número bonito

Magia y matemática.
No debería haber contradicción más abismal. Sin embargo, algunos hicieron carrera aprovechando esta relación. No usan los números para hacer cálculos: les otorgan significados y son capaces de construir puzzles esotéricos con nociones de equilibrio, progresión y hasta de belleza. A cada valor le atribuyen una letra, un nombre o una medida. Y estos datos conducen, casi siempre, a los resultados deseados.
La numerología puede estar al servicio de las personas o del cuerpo teórico de alguna religión. También tenemos teofanías apocalípticas afectas a los números redondos, como la del año 2000, bonitas y kubrickianas, como la del 2001, o mágicas, como la del 2012, que cometió el pecado de tergiversar una cultura milenaria en nombre de la dudosa estirpe de los mayas galácticos.
Otro asunto es la pareidolia numerológica, aquellos números tratados como cosas que tienen una apariencia pero son otra. Es que a nuestro sistema perceptivo le aterroriza la confusión y el cerebro busca correlaciones que den sentido al azar, a lo que no parece tener sentido o explicación. Ejemplo: tras el 11-09-01, algunos hicieron encajar el calendario, la cantidad de difuntos y hasta las letras de los países implicados en una suerte de “clave maestra”. Esto que parece un desvarío quizá enseña una lección: la numerología “ayuda a entender” así como las teorías conspirativas “tranquilizan”. Estas ilusiones sociales no son tanto paranoia como teología, ya que persiste la creencia según la cual “alguien”, en alguna parte, administra el caos.
Llámese Dios, el Club de Bilderberg o los mismísimos extraterrestres.

Alejandro Agostinelli

(Esta columna iba a publicarse hoy en el Diario Perfil; pero sólo salió la cobertura “de color”, que sigue el concepto que adelantábamos acá: da credibilidad al rumor según el cual algunos grupos “esperaban ovnis” y pasa de hacer una reflexión crítica sobre el asunto.)

Imágenes: Arriba, en Minnesota hoy organizan una “fiesta por la descompresión”. Abajo, la respuesta a “La gran pregunta” según La Guía del Autoestopista Galáctico (WolframAlpha).

La “espiral de Canadá”: obra digital de un falsificador serial

Hace un par de días comentamos la llamada “espiral de Canadá” y nos preguntábamos cuál podía ser la relación entre este material y el espectacular fenómeno espiralado observado, filmado y fotografiado en Noruega en diciembre del año pasado, identificado como un misil balístico ruso. Bien, había una relación pero, ejem, era diferente a la que suponíamos. Manuel Borraz, un agudo experto en identificación de ovnis de la Fundación Anomalía, mencionaba ayer que, a varios días de un suceso  de esta magnitud, que de haber ocurrido debió tener miles de observadores, era significativo que todos los caminos llevasen al sitio TheWatherSpace.com al googlear la espiral de Canadá. “¿Le estarán colando un gol?”, se preguntaba.



Fue el amigo brasileño Kentaro Mori, editor de Ceticismo Aberto, quien dio la voz de alerta: Kevin Martin, un joven meteorólogo del sur de California, había sido el falsificador. Casi al mismo tiempo, TheWeatherSpace.com entrevistaba a Martin, quien explicó cómo había realizado los trucos, un verdadero fiasco serial, ya que utilizó seudónimos diferentes para las “evidencias” que coló al sitio. Su intención -dijo- fue poner a prueba la credulidad de estadounidenses y europeos. Su conclusión: los europeos son “menos ingenuos”, quizá porque el montaje no cuajó en Europa y sí en los Estados Unidos, donde hay “un creciente número de teóricos de la conspiración”. En su página en Facebook, Kevin da el enlace al Russia Today, noticiero que no esperó ninguna confesión para publicar el video con un sano tratamiento escéptico.

Martin no era un novato. Borraz detectó un artículo, publicado en diciembre de 2009, en el cual Martin se interesaba por la “espiral noruega”. En aquella nota y en dos videos didácticos (disponibles aquí y aquí), Martin muestra cómo, mediante una sencilla operación matemática, calculaba la altitud y la fase en la que se hallaba la trayectoria del misil ruso, lanzado desde el Mar Blanco.


Esta es la razón, entonces, por la que su fraude se parecía a la espiral de Noruega: había aprendido a imitarlo con un programa de animación gráfica. Martin confesó muy pronto el engaño y sólo le dio algunos dolores de cabeza a TheWeatherSpace: por su escasa difusión no amerita sumarlo a la línea de montajes de marketing viral registrada el año pasado.
Puso a prueba, en cambio, los reflejos de quienes seguimos estas noticias. (Los míos, confieso, fueron bastante lentos). “Si la fuente es anónima -recuerda Mori-, el video no posee valor”. Como sucedió con la falsa invasión de ovnis en Galicia producida por Terra España, “nunca hay que confiar en sucesos informados por una sola fuente noticiosa”.
En este caso, WeatherSpace fue el único medio que divulgaba los videos (con la excepción de algún ufólogo vinculado al proyecto Disclosure) . Todas las fuentes, todos los testimonios, eran falsos.
En su página en Facebook, Kevin Martin ahora promete “otra falsa alarma en Los Ángeles, esta vez con un video en movimiento, y no con gráficos computados”. ¿Cuándo? “El 4 de julio”, responde.
La broma parece estar en marcha: será complicado distinguir a sus ovnis entre los fuegos artificiales que –según las previsiones- serán lanzados esa fecha.

Estallido nocturno en Canadá, a imagen y semejanza del misíl balístico ruso lanzado en Noruega


Si no fuera porque los grillos cantan, el silencio sería ensordecedor.
Las imágenes de un objeto que avanza, explota en una espiral luminosa y rompe la armonía del cielo nocturno habrían sido captadas el viernes 21 de mayo cerca de Prince Rupert, British Columbia, en la costa oeste del Canadá. El catalizador de estas secuencias fue el sitio TheWeatherSpace.com, que publicó el material sin ofrecer ninguna hipótesis y casi sin información para evaluar la naturaleza del fenómeno.

El video de arriba habría sido enviado por el astrónomo aficionado Steven Murray: asegura que lo obtuvo con una de las cuatro cámaras fijas con que escudriña el cielo (aunque parece ser una “recreación” gráfica de los posteriores).

Este otro habría sido filmado desde un avión de pasajeros sobre el Océano Pacífico, al noroeste del Estado de Washington.

Nathan Varney, también en B.C., habría captado esta breve escena cuando se aproximó con el zoom a un objeto cuyos contornos recuerdan al típico misíl:

Como siempre, la desinformación oficial avala el palabrerío. Ya muchos empiezan a hablar de ovni, término que no es inocente: ya sabemos que la expresión ha perdido lo que su sigla significa y reduce el caso al simple avistaje de una nave extraterrestre. Entre sus partidarios se ha señalado que si fuera un misil la trayectoria “no debería ser ascendente” (cuando un misil, por ejemplo, puede subir e incluso cambiar de ángulo, la evaluación siempre debe tener en cuenta el punto de vista del observador: los efectos de la perspectiva suelen ser engañosos).
Otros creen que son escenas armadas con efectos post edición y llegan a señalar el programa usado y las deficiencias en la realización (en cuyo caso deben explicar las imágenes tomadas por otros dos cameraman y varios fotógrafos, quienes enviaron a TheWeatherSpace.com secuencias de lo que parece ser el mismo fenómeno).

Por ahora, a juzgar por los paralelismos visuales, no conviene desatender la hipótesis que explicó la espiral luminosa registrada el 9 de diciembre pasado en Noruega, causada por el lanzamiento de un misil balístico submarino ruso.

La presentación de estas imágenes sin datos que ayuden a corroborar cualquiera de las hipótesis que se barajan alienta el show conspiranoico: en los próximos días, miles y miles de páginas harán su propia exégesis Rorschach de las manchas luminosas que los videos muestran; entre ellos, muchos hallarán señales confirmatorias del complot de los enviados del Rayo azul o de las armas secretas de los quintacolumnistas del Armagedón.

Por ahora, hay más preguntas que respuestas. ¿Qué estalló, si es que estalló algo, el pasado viernes sobre la costa noroeste del Pacífico?
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