Archivo de la categoría: DATOS TONIFICANTES

Tebé para espabiláos

No no, Ciudad K no es Río Gallegos, la ciudad donde nació Néstor Kirchner.
Ciudad K es otra cosa. Es un nuevo programa de “humor cultural” (es decir, un nuevo programa condenado a una audiencia mínima y a la privación de esponsors) emitido por Rtve, escrito y dirigido por el blogger Jose A. Pérez, que no se parece a ningún otro.
Dan ganas de decir que es una especie de Peter Capusotto y sus videos ibérico, pero tampoco: es otra cosa.  En Ciudad K sus habitantes tienen un nivel cultural “estúpidamente alto”, las jubiladas hablan de videoarte o de la hipótesis extraterrestre, los padres le enseñan a sus hijos que el verdadero éxito de Albert Einstein es que se tiró a la prima sin que nadie se meta con él y es un sitio donde el sacerdote resuelve a tiros los agujeros del cuerpo teórico de la Iglesia.
Dejo abajo el enlace al primer capítulo. Que promete, cumple y educa con muchas risas, quitándote el peso de decir que en la tele no hay nada que ver.

Ciudad K – Capítulo 1

http://www.rtve.es/swf/v2/embed/882312_es_videos/RTVEPlayer.swf
Se agradece efusivamente al colega Luis Alfonso Gámez la recomendación.

Anuncios

Le llamaban “El gigante”

“…Un resumen diría lo que sigue: que Jorge González nació el 31 de enero de 1966 en El Colorado, a mil doscientos kilómetros de Buenos Aires, hijo del matrimonio de Mercedes y Felipe, ama de casa ella, empleado de la construcción él, y que vivió con esa familia compartiendo lo poco que compartir se podía: un cuarto con sus hermanos (Plácida, Zunilda, Ricardo, Omar) y apenas la comida. Diría, también, que después de iniciarse a los nueve años en trabajos de los brutos —cosechar algodón, desmontar monte cerrado— a los dieciséis le propusieron integrar un equipo de básquet en un club de la vecina provincia de Chaco y él dijo sí. Que jugó en la Selección Argentina, fue elegido en el draft de la NBA, devino estrella de la lucha libre, viajó por treinta países, participó en la serie Baywatch, tuvo mujeres, tuvo chofer, tuvo dinero, y que hoy vive en el pueblo que lo vio nacer sin poder caminar, pobre, solo y diabético. Y diría, también, que todo eso le sucedió a Jorge González por ser una criatura extraordinaria de dos metros treinta y un centímetros de alto —un gigante— y que a eso —a esa altura— le debe toda su suerte. Le debe toda su desgracia.”

En Junio de 2007, nuestra amiga, la cronista Leila Guerrieropublicó en la revista Gatopardo un precioso perfil de Jorge González, fallecido el pasado viernes, a los 44 años, en la ciudad de San Martín (Chaco). Bueno, llegó el momento de releerla.

Capanna sobre los profetas seculares: “son tirabombas”

Hace una semana, mi amigo Pablo Capanna, en su columna habitual del suplemento Futuro de “Página/12”, se preguntó por qué caemos en mentiras convincentes y puso como ejemplo el presunto fraude del monumento megalítico de Stonehenge, uno de los tantos hoax que circularon este año en ese formato tan amable para colar patrañas, el power point enviado por algún amigo entusiasta (y poco dado a verificar la calidad de lo que reenvía). “Por supuesto -dice el maestro- “quien escribe cayó en la trampa como el más gil”. A poco de investigar, develó el origen del fiasco (una inocentada del periodista español Antonio Martínez Ron, autor del blog Fogonazos). Lo cual no le impidió a Pablo intentar una fecunda introspección sobre cómo habían operado sus propios prejuicios. Este sábado, en la revista Ñ de “Clarín”, Federico Kukso entrevistó a Capanna a propósito de la salida de su último libro, “Inspiraciones. Historias secretas de la ciencia” (Paidós, 2010). Entre muchas otras cosas, Kukso le preguntó por los futurólogos de moda. Dijo Capanna: “Los escritores de ciencia ficción están siendo desplazados por estos futuristas profesionales, personajes como (Nicholas) Negroponte o el ingeniero Ray Kurzweil, cuyo trabajo consiste en arrojar predicciones. Son tirabombas. Lo de la muerte del libro lo escuché hace cuarenta años. El siglo XX y ahora el XXI son grandes cementerios, períodos en los que se anunciaron la muerte del hombre, de la ciencia, de la naturaleza, la familia. Mataron a todos”. Porque otro subtema que aborda la nota es el de las “predicciones científicas” (cuestión que explora, en la misma edición de Ñ, ese gran periodista científico que es Daniel E. Arias, pero sólo disponible en la edición impresa). Esta es una manera un poco indirecta de anunciar -para quienes se lo hayan perdido- que Pablo Capanna ha vuelto a irradiar sus conocimientos en el atractivo estilo que nos tiene acostumbrados. Y para decir que sin duda valdrá la pena sumergirse en sus “Inspiraciones”.
Que los profetas seculares “son tirabombas” que suelen “matar a todos” no deja de ser un inquietante tema de reflexión.

Alejandro Agostinelli

Bunge sobre Mario Pantaleo

(El padre Mario) Pantaleo fue alumno mío, en la década del ’50, de filosofía de la ciencia. Estaba aterrorizado por la materia. Lo tuve que aplazar porque se copiaba, se escondía el machete en la sotana. Me extrañó mucho. Un día, el cónsul en Costa Rica me mostró una foto de él y me dijo: ‘Este hombre es un santo’. ¡Ja! ‘Viejo conocido’, respondí.”
De la excelente entrevista que hizo Matías Loewy en Montreal al filósofo argentino Mario Bunge, en Newsweek Argentina de hoy. Sin desperdicio.

Daniel Riera presenta “Evangelios y apócrifos”

Por Daniel RieraLa Espiga de Trigo había cambiado su legendario nombre por el más existencial Ya no somos los que éramos. Nadie dudaba de la audacia del gesto: algunos, sí, se atrevieron a dudar de su pertinencia. El nuevo nombre parecía destinado a espantar a la clientela cautiva, la que había hecho grande a la panadería, la que valoraba el respeto por ciertas marcas de estilo que, sumadas, determinaban una tradición.

“La ex Espiga de Trigo se convirtió en una panadería de vanguardia: las colchonetas en el suelo obligaban a los clientes a quitarse los zapatos al entrar. Una empleada solícita se encargaba de guardarlos en un viejo horno en desuso y de repartir números como si se tratara de un guardarropa. La empleada estaba vestida de riguroso y ceñido cuero negro, con una máscara de soldador que le cubría el rostro, y era el único ser humano que veían los clientes. El viejo mostrador había sido reemplazado por un paredón de cemento alisado con una puerta negra en el centro. Sobre el paredón habían colgado cuadros con fotos de los productos que ofrecía la panadería, nomenclados de acuerdo con un código alfánumerico. Las medialunas de grasa, por ejemplo,  eran F 1; las de manteca, F2; los cañoncitos de dulce de leche, F3; los de crema pastelera, F4, y así. Cada vez que alguien entraba en Ya no somos… activaba un sensor que activaba a su vez a la liana que trasladaba el micrófono que los clientes debían utilizar para hacer los pedidos. Desde el sótano, un operador “atendía”. Alguien pedía, por ejemplo, 3 F1, 3 F2, 3 F3 y 3 F4, un cuarto de A1 (Flautitas) y un cuarto de A3  (Figazas). El operador armaba el pedido y lo colocaba sobre el montacarga. Cuando el montacarga llegaba a la superficie, la puerta que estaba en el centro del paredón se abría sola, el cliente recibía su pedido y la cuenta, y colocaba el dinero sobre una panera de mimbre. Si alguien tenía la pretensión de irse sin pagar, regresaba descalzo a su casa.”

(Fragmento del capítulo XVII de Evangelios y apócrifos, por Daniel Riera. La novela es presentada el jueves 20 de mayo, a las 19.30, en MU, Punto de Encuentro. Hipólito Yrigoyen 1440. Participan: Pablo Marchetti, Paco y Oliverio.)

Otro fragmento: ¿Quién es Orlando Sebufi? Descargar pdf desde aquí.

Tiempo de El Eternauta

La calidad de Tiempo argentino -el nuevo diario que hoy ganó la calle- no es sorprendente, sus responsables son periodistas creativos, talentosos y apasionados. Basta recorrer su staff para encontrar grandes plumas. En un tiempo, analizándolo sin prejuicios, sabremos si el nuevo medio cumple el deseo de sus editores y el de miles de lectores: ocupar el espacio que el auge de medios desinformativos ha dejado vacante.
Una sorpresa agradable fue confirmar que sus contratapas serán encabezadas, por primera vez como tira diaria, por el Martín Fierro del siglo XX: El eternauta, un deleite estético para quienes ya lo disfrutamos y seguro disparador de la curiosidad: imaginar que a partir de hoy miles de jóvenes se lanzarán a conocer la obra de sus autores, Héctor G. Oesterheld y Francisco Solano López, es un hermoso sueño.
La otra sorpresa es un acontecimiento inédito en la historia de los medios gráficos locales: Tiempo argentino promete ocuparse de los conflictos sindicales que afectan a otros medios gráficos. No sólo promete, también cumple: la edición de hoy (página 26) dedica una amplia cobertura al fatídico desenlace del diario Crítica de la Argentina, que dejó de publicarse hace 17 días porque la empresa Papel 2.0 ha dejado de pagar el sueldo a sus 180 trabajadores (quienes desde hace unas semanas informan sus avatares en su propio blog).
Juan Salvo, donde quiera que esté, hoy sonreirá.
¡No al cierre de Crítica!