Archivo de la categoría: FENÓMENOS EXTRAORDINARIOS

El enigma del “bosquecillo nevado” de Victoria

 

Foto: Alejandro Agostinelli

Foto: Alejandro Agostinelli

 

Cuando haya leído este post, le suplico al lector fingir amnesia o simular no haberlo leído. Es una historia que, como ya sabrá, merece pasar inadvertida. Pero antes, si le parece, entérese: yo se la cuento tal cual sucedió.

A fines de agosto pasado, en la ruta que va de Rosario a Victoria, Entre Ríos, me pareció ver un bosquecito blanco en medio del verdor del paisaje, a un costado de la ruta que lleva al Puente Rosario-Victoria. No es frecuente ver un monte blanco a la vera de los esteros, y este era demasiado blanco para que la explicación de su blancura fuera solamente el reflejo del sol del mediodía. Eran días de mucho calor para atribuir el color a la caída de nieve, pero el contraste no permitía que pasara desapercibido. Era un espectáculo curioso, lo suficiente como para bajar del auto con la cámara, escrutar la copa de aquellos árboles con el zoom e ir a buscar alguna respuesta al personal de la Policía Caminera, a ver qué sabían de aquella enigmática postal, que quizás ya había disparado fantasías entre automovilistas que, como yo, detuvieron sus coches preguntándose por aquel curioso disparate del paisaje.

 

Detalle de los pájaros.

 

No hizo falta entrar en nubes de mosquitos ni embarrarse las patas para adivinar que, en la espesura del monte, había aves en concurrida platea. “Son juacos”, explicó el vigilante. “Los pájaros -siguió-, depositan sus desechos mientras paran en los alisos de sauce”, un follaje cuya infusión alivia dolores dentarios e infecciones urinarias (ver video; pese al viento algo se entiende).

Si la historia de aquella arboleda hubiese escapado de mis manos -quiero decir, si esto fuera apenas un cuento con intención de misterio-, quién sabe si el monte blanco de Victoria se hubiera convertido en refugio de larvas astrales, efecto de una helada espectral o una bifurcación contemporánea del ataque de los “Ellos” que Juan Salvo no pudo derrotar.

Pero aquel enigma enclavado entre Victoria y Rosario tenía solución, acaso la más prosaica del mundo. Era caca, el blanco de aquel bosque era caca de pájaro. Así constará en los Expedientes X de la Argentina. A menos que usted, que tuvo la buena voluntad de llegar hasta acá, eche un manto de piedad sobre aquel bosquecito, lo recuerde conmigo blanco como claro de Luna, y me ayude a fingir que aquí no ha sucedido ninguna cosa que valga la pena ser contada, ni recordada, ni nada.

Alejandro Agostinelli

Le llamaban “El gigante”

“…Un resumen diría lo que sigue: que Jorge González nació el 31 de enero de 1966 en El Colorado, a mil doscientos kilómetros de Buenos Aires, hijo del matrimonio de Mercedes y Felipe, ama de casa ella, empleado de la construcción él, y que vivió con esa familia compartiendo lo poco que compartir se podía: un cuarto con sus hermanos (Plácida, Zunilda, Ricardo, Omar) y apenas la comida. Diría, también, que después de iniciarse a los nueve años en trabajos de los brutos —cosechar algodón, desmontar monte cerrado— a los dieciséis le propusieron integrar un equipo de básquet en un club de la vecina provincia de Chaco y él dijo sí. Que jugó en la Selección Argentina, fue elegido en el draft de la NBA, devino estrella de la lucha libre, viajó por treinta países, participó en la serie Baywatch, tuvo mujeres, tuvo chofer, tuvo dinero, y que hoy vive en el pueblo que lo vio nacer sin poder caminar, pobre, solo y diabético. Y diría, también, que todo eso le sucedió a Jorge González por ser una criatura extraordinaria de dos metros treinta y un centímetros de alto —un gigante— y que a eso —a esa altura— le debe toda su suerte. Le debe toda su desgracia.”

En Junio de 2007, nuestra amiga, la cronista Leila Guerrieropublicó en la revista Gatopardo un precioso perfil de Jorge González, fallecido el pasado viernes, a los 44 años, en la ciudad de San Martín (Chaco). Bueno, llegó el momento de releerla.

Elogio del pulpo adivino

Como algunos saben, el fútbol no es mi pasión.

Aún así, seguí con curiosidad la saga del Pulpo Paul. Ignoro si sus destrezas premonitorias hay que achacarlas al cefalópodo o a quienes le daban de comer. Pero el cautivante derrotero del molusco más famoso del mundo merecía unas líneas, que publica hoy la edición argentina de la revista Newsweek.

De paso, agradezco la paciencia del puñado de seguidores de este blog, que prometo actualizar apenas pueda dedicar el tiempo que la fidelidad de sus lectores merece.

Enlaces:

Nunca habrá otro igual. Por Alejandro Agostinelli. En revista Newsweek.

¿Por qué acierta el pulpo? Por Irene Sánchez. En revista QUO.

Estallido nocturno en Canadá, a imagen y semejanza del misíl balístico ruso lanzado en Noruega


Si no fuera porque los grillos cantan, el silencio sería ensordecedor.
Las imágenes de un objeto que avanza, explota en una espiral luminosa y rompe la armonía del cielo nocturno habrían sido captadas el viernes 21 de mayo cerca de Prince Rupert, British Columbia, en la costa oeste del Canadá. El catalizador de estas secuencias fue el sitio TheWeatherSpace.com, que publicó el material sin ofrecer ninguna hipótesis y casi sin información para evaluar la naturaleza del fenómeno.

El video de arriba habría sido enviado por el astrónomo aficionado Steven Murray: asegura que lo obtuvo con una de las cuatro cámaras fijas con que escudriña el cielo (aunque parece ser una “recreación” gráfica de los posteriores).

Este otro habría sido filmado desde un avión de pasajeros sobre el Océano Pacífico, al noroeste del Estado de Washington.

Nathan Varney, también en B.C., habría captado esta breve escena cuando se aproximó con el zoom a un objeto cuyos contornos recuerdan al típico misíl:

Como siempre, la desinformación oficial avala el palabrerío. Ya muchos empiezan a hablar de ovni, término que no es inocente: ya sabemos que la expresión ha perdido lo que su sigla significa y reduce el caso al simple avistaje de una nave extraterrestre. Entre sus partidarios se ha señalado que si fuera un misil la trayectoria “no debería ser ascendente” (cuando un misil, por ejemplo, puede subir e incluso cambiar de ángulo, la evaluación siempre debe tener en cuenta el punto de vista del observador: los efectos de la perspectiva suelen ser engañosos).
Otros creen que son escenas armadas con efectos post edición y llegan a señalar el programa usado y las deficiencias en la realización (en cuyo caso deben explicar las imágenes tomadas por otros dos cameraman y varios fotógrafos, quienes enviaron a TheWeatherSpace.com secuencias de lo que parece ser el mismo fenómeno).

Por ahora, a juzgar por los paralelismos visuales, no conviene desatender la hipótesis que explicó la espiral luminosa registrada el 9 de diciembre pasado en Noruega, causada por el lanzamiento de un misil balístico submarino ruso.

La presentación de estas imágenes sin datos que ayuden a corroborar cualquiera de las hipótesis que se barajan alienta el show conspiranoico: en los próximos días, miles y miles de páginas harán su propia exégesis Rorschach de las manchas luminosas que los videos muestran; entre ellos, muchos hallarán señales confirmatorias del complot de los enviados del Rayo azul o de las armas secretas de los quintacolumnistas del Armagedón.

Por ahora, hay más preguntas que respuestas. ¿Qué estalló, si es que estalló algo, el pasado viernes sobre la costa noroeste del Pacífico?
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